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jueves, 19 de abril de 2012

Facebook (de la serie Ellas, Nosotras y Vosotras)



Ella más que bonita, estaba “buena”. Ella lo sabía. En verdad tenía un cuerpo muy deseado. No le conocí nunca novio en la Escuela Comunicación Social, donde ambas estudiábamos. Cuando le tocó hacer su pasantía, se enamoró de una manera que no tenía antecedente o por lo menos, eso supuse. Durante 20 años (o tal vez más) ella se dedicó a ese hombre, aunque no pueda decir lo mismo de él. Le soportó de todo: la imposibilidad de ser madre, humillaciones, desprecios y un largo catalogo de rechazos en las más disimiles formas, que seguramente alguna vez hemos conocido. Terminaron n veces y otras tantas se volvían a reconciliar. Siempre me decía es que no puedo estar sin él: cuando lo oigo, cuando lo huelo, cuando escucho la corneta del carro, toda yo enloquezco y era tal cual. Un buen día me la encontré y como tanta veces me dijo que todo se había acabado y que esta vez si era verdad y para siempre; la razón? Había visto su facebook y se había dado cuenta que era un hombre feliz, con una feliz mujer y unos  hijos felices, felices todo pues, y entonces sintió (y descubrió) en esos breves minutos que duró su recorrido por la red, que siempre estuvo de más, sin posibilidades. Y hasta allí le duró el deseo, no sé si el amor.

Años después él enfermó. El diagnóstico era atroz: cáncer de pulmón, él que nunca fumo, pero su trabajo de fotografo y antes de la fotografía digital seguramente estuvo en contacto con muchos químicos y eso- me explicó ella- seguro lo contaminó..

lunes, 23 de enero de 2012

Francisco Delgado: Invoco tu nombre



Inimaginable el dolor. Inimaginable tu ausencia. No saberte físicamente en Maracaibo, en esta ciudad que tan bien conocías y ella a vos, no resulta potable.  Este martes 17 de enero cuando corrió por la ciudad, como un grito infinito tu muerte, algo se paralizó. Nada volvió a ser igual. No salíamos del asombro y más de una rogamos para que no fuese cierto.  Pero, era verdad y qué verdad.

Conocí a Francisco allá en los 70, cuando comenzamos nuestra vida universitaria. Le veía con esa actitud circunspecta y esa cara de buen estudiante que no se la quitaba nadie y comenzamos a transitar los caminos de la política.  Convergimos en múltiples actividades. Luego una lo vio crecer, convertirte en un respetado profesor universitario, especializarse en criminología y dirigir el Instituto que lleva esa temática en LUZ y que tiene el nombre de Lolita Aniyar.

Así en los 90, cuando ella fue gobernadora, lo nombró Director de la cárcel  de Sabaneta y allí sí que demostró para qué era bueno. Recuerdo como Oscar Rincón me contaba, con profunda admiración, su temple y valor para enfrentarte al pabellón más peligroso. Cómo lo respetaban los presos a fuerza de seriedad y compromiso con el tema penitenciario.

Y así, una se fue acostumbrando a verte lidiando con los problemas de esta ciudad.  Comprometido. Entregado, sin aspaviento ni altisonancias. Siempre dispuesto a conversar sobre los temas más disimiles. Fuiste un servidos público nato. Con vocación. Como pocos.


Una se sentía orgullosa de saberte uno de los mejores criminólogos del país y además saberte “nuestro”. Nuestro por zuliano, nuestro por maracucho, nuestro por estar acompañando este proceso, nuestro por compartir preocupaciones y sueños. Nuestro.

Intenté recordar esa noche fatídica cuando me comunicaron la noticia, la última vez que habíamos conversado y recién lo pude hacer. Fue con motivo del referéndum que se hizo en LUZ para decidir si, el DIBISE entraba a dar seguridad ante la creciente ola de atracos y violaciones que se sucedían en la Universidad.  La propuesta prosperó con más del 90 %, incluido mi voto, pero él estuvo en desacuerdo y me dio una razones tan convincentes que me hizo dudar de mi decisión. Ahora que los delitos han bajado de manera considerable, sigo recordando su argumento para estar en contra: una situación coyuntural no puede llevar a tomar medidas que en un largo plazo pueden ser modificadas. La Universidad debe conservar su autonomía.

Como una letanía decía que la corrupción policial era el peor flagelo que enfrentaba el país. Y él lo sabía muy bien. Señalaba con dolor e impotencia que ella nos estaba ganando la partida.

Tu entierro fue un acto de dolor compartido, una tragedia común. Por allí vi hacerse presente medio Maracaibo, sin distingos, rompiendo como pocas veces esta polarización que atosiga y asfixia, pero no hubo sorpresa. Todos sabíamos cuan querido y respetado eras. El asombro y la incredulidad eran el lugar común de los comentarios. Cómo pasarte eso a vos Francisco, tan comedido, tan centrado, tan pausado. Cómo. Algunos pensaban en José Gregorio y su muerte infausta. Otros en el dolor de cuando Luis Hómez murió. Todos concordaban en la perplejidad de no creer que ya no volveríamos a verte en esta ciudad.

Cómo será Maracaibo sin vos, me pregunto en esta madrugada que recién he podido escribir, en este instante, donde recuerdo que no pude llorar porque el dolor me lo impedía como pocas veces me ha pasado. Me pregunto entonces cómo hacer para sobrellevar a esta ciudad sabiendo que ya no te veré más, que no nos volveremos a cruzar.  Que no volveré a ver tu sonrisa, ni a escuchar tu voz dando luz y sentido a tantas sinrazones que diariamente vivimos. Cómo. Invoco entonces tu nombre y digo con Octavio Paz : “ déjame que te olvide para que en este olvido siga creciendo tu voz”.

Morelis Gonzalo (morelisgonzalo@gmail.com)

domingo, 15 de enero de 2012

Rafael Rincón González: tu nombre me sabe a Maracaibo



Morelis Gonzalo ( morelisgonzalo@gmail.com)

Nombrar a Rafael Rincón González es nombrar al Zulia, a Maracaibo. Su nombre es- como pocos- sinónimo de estas tierras cálidas y azarosas. Durante más de 7 décadas se dedicó a escribirle a esta región que conocía tan bien.  Con él aprendí a querer los ritmos zulianos.

Nació hace 89 años, hijo de uno de nuestros mejores pintores; Neptalí Rincón. Había venidos al mundo en pleno corazón maracucho; en El Saladillo en 1922. Desde joven se inclinó por la música, dedicándose con ahínco a los ritmos zulianos como la danza, el danzón, la contradanza y por supuesto a la gaita. Creó en la década de los 60 el grupo “Los Compadres del éxito” todo un referente en la región. También creo  otros grupos.

Fue un compositor prodigioso, más de 600 piezas salieron de su puño y letra, destacándose por su poesía y plasticidad, posiblemente por eso lo llamaban “El pintor del Zulia”.  Reconozco que toda su producción me gusta, pero en especial “Los Pregones” que se la vi cantar y tocar en diversas ocasiones, la misma fue grabada por la Orquesta  Filarmónica de Londres. La última vez que lo escuché fue hace como dos años en la URU, junto a Tino Rodríguez, otro grande que se nos fue.

La primera vez que vi a Rafael Rincón fue en la década de los 80 en la plaza Baralt de Maracaibo, durante la realización de una de las jornadas del Festival de cine Manuel Trujillo, que se celebra en el mes de enero. Allí conversaba con Luis Hómez y él se acercó y le dijo: mire diputado yo soy adeco, pero lo admiro por su valentía y honestidad y le extendió su mano. Así era.

 Siempre que lo escuchaba mi alma se ponía alegre y mi identidad de zuliana se reafirmaba. Nadie como él para cantar sobre este espacio que nos contiene. Nadie como él para encontrar la palabra perfecta, que diera en el blanco de la poesía que toda región posee. Cuando hablaba de Maracaibo, hablaba de nuestra historia, de nuestras tradiciones, de nuestros dolores y nuestras alegrías. El nos daba la dimensión exacta de cómo habíamos sido. Eran tan visuales  sus canciones que uno lograba ver esa ciudad que se nos fue, pero que había quedado para siempre en la música de Rafael Rincón González.

 Cuando digo que su nombre me sabe al Zulia, a Maracaibo, no es una simple metáfora, es una realidad y quien sea de esta tierra sabe que no miento, ni exagero. Este compositor supo atrapar en su música el alma de este pueblo que hoy lo llora y no lo olvidará. En vida recibió muchos homenajes, recuerdo en especial el Honoris Causa que le dio la Universidad del Zulia y con ese gesto sentí que ese honor se resignificaba. El honrado, honraba al premio. Eso sucede pocas veces.

Este domingo 15, al recibir la noticia sentí orfandad, una orfandad musical, pero sé que esto pasará pronto, porque las 600 canciones que compuso quedarán para siempre en el imaginario del zuliano, del maracucho, para recordarnos siempre su presencia, su alegría, su identidad zuliana, la identidad de todos y todas las que habitamos este espacio que nos contiene y nos explica.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Poemario " Ciudad Solar" : Maracaibo en el centro de todo


Artemio Cepeda, poeta (F: E. Bracho)

Conozco a Artemio Cepeda, aun antes de conocerlo. Supe de él a través de sus hermanos. Ellos siempre hacían referencia  a su constante, silenciosa y secreta escritura.

De tal modo, que cuando este  viernes 15 de octubre fui al bautizo de su libro “Ciudad Solar” en la librería del Sur, sentía que estaba frente a una obra que me resultaba familiar y fraterna, como los viejos amores, cuando terminan bien.

Había leído cosas sueltas, breves, pero no un texto completo como este, que ya va por su segunda edición. Así, con lo primero que me tope fue con un verso que me atrapó y me obligó a seguirlo:
 Y hay vivos,
Que mueren
Y siguen viviendo.

Tal vez porque en los últimos tiempos se me han muerto amigos y cercanos, que sin embargo “siguen viviendo”, como Oscar Rincón, cuyo recuerdo se me ha hecho cotidiano. Tuve incluso que dejar de escribir, porque ya este espacio comenzaba a parecerse un inventario necrofílico que ni a mí me gustaba,  uno de los pocos lectores que supongo tengo.

Lugo me tocó escuchar el autoprólogo, leído por el mismo, donde destacaba “la reseña literaria” de hablar de “un tipo tan conocido por mi como yo mismo” Un giño al ego, válido y original.

Su reconocimiento de que estos poemas no son fruto de un “golpe de suerte” sino “más bien (...) de la paciencia y del oficio diario” permiten rescatar el quehacer literario de la contingencia de la suerte o de las musas y, reconocer en la poesía un trabajo tan laborioso como el que más y tan exigente como cualquier otro, sin menosprecio de ninguno, en una sociedad donde este oficio es visto como algo menor, insignificante. Lo cual no es poca cosa.

Ignoro a qué corriente pertenece este trabajo, porque no soy crítica literaria, apenas sí, una cronista de estos acontecimientos. Sin embargo, puedo decir que estos poemas pertenecen al género de la buena poesía, de esa que llega, que provoca leer  más de una vez y con ganas, como estos dedicados a su padre:
Supe de tus insomnios
Y de tu manera latente
De acostarte
(…)
Ahora que estás, viejo,
Desandando los valles de la muerte
No sufrirás
La hipocondría que te acompañó
Ni las malas jugadas de tu sangre,
Ahora, imagino, estarás más libre que nunca
y tal vez, fuera de peligro.

Y entonces recupero a mi padre ausente a  través de este poema y pienso por primera vez, que sí, que seguramente estará descansando de una tortuosa vida andaluza, atravesada por la derrota de la República de la Guerra Civil Española. Y todo gracias a la poesía, o al poeta?.

Y no hablo del poema dedicado al  abuelo blanco, porque allí si soy capaz de ponerme a llorar, pensando en como habría sido el mío, llamado Víctor,  allá en la lejana Sevilla y que jamás supo de mi, de una nieta caribeña jamás imaginada.

Sigo leyendo y entonces me asecha la melancolía por los  amores ausentes, cuando Artemio escribe:

Quiéreme por mi tristeza
Sin conmociones
(…)
Pero sobre todo,
Quiéreme
Por la cruz de mi presente
Al pie del puerto

Podría reseñar, uno a uno estos versos, pero la historia sería como muy larga y hasta aburrida, así que termino con “Ciudad Solar” que le da nombre al poemario y que habla de lo que siempre nos convoca: el Maracaibo de nuestros tormentos.

Esta ciudad solar
Que nació con ombligo de bahía
Hoy termina en el puerto
Al pie del mundo

Digo entonces para finalizar, que Maracaibo tiene rato esperando la poesía de Artemio, que necesitamos esta palabra tejida con oficio de orfebre, para que siga interpretando y dando cuenta de su tiempo y su espacio, es decir de nosotros. Que urge ver publicada su obra inédita. Que urge su presencia en esta ciudad-puerto que nos contiene y nos reclama... Que nos salva y nos condena…

martes, 7 de octubre de 2008