sábado, 12 de octubre de 2019
Cátedra de Lenguaje y Comunicación: Notas de Metodología
Cátedra de Lenguaje y Comunicación: Notas de Metodología: Alumnas Definitiva Acevedo, Veruska SI Antúnez, Mariángel 10 Boka, Eicar 17 Díaz, Yulianny...
sábado, 28 de septiembre de 2019
Gladis,
la ajena
Conocí
a la Sra. Gladis Villalobos de Nieto, por allá en los 80, en San
Cristóbal, cuando era dueña y señora de su hermosa casa ubicada en
la Urb. Torbes. Allí sobresalía por todos lados su origen
maracucho, del que se sentía más que orgullosa. Su hogar estaba
atiborrada de muebles clásicos, de cuadros, de adornos de su
región natal y de fotos, muchas fotos.
Cocinaba
exquisito. Nunca olvidaré las Islas flotantes, postre
por demás sabroso, que alguna vez probé, por primera y única
vez, hecho por ella en una navidad. Pasé varias con ella, su
familia y sus perros, tenía varios. La última con mi madre. Sus
perros la hacían muy feliz, tanto que los enterraba en su patio y
los recordaba con frecuencia. Fueron su compañía durante muchos
años y lo remarcaba con insistencia. En esa época vivía con ella su nieta Bianka, por la que sentía gran debilidad, recuerdo la
vez que le mandó hacer unos zapatos con tacones para que la niña
pudiera jugar a ser mujer. Era la típica abuela alcahueta y eso a mi
me gustaba. Solía contarme mucho de
sus viajes, en especial uno que hizo a Grecia. Era muy feliz
recordándolos.
Años
después, solía venir con frecuencia a Maracaibo. Entonces la
buscaba y salíamos a tomarnos un café o una cerveza, o la llevaba
de compras o a hacerse algún examen. Recuerdo una vez que la
acompañé a realizarse una densitometría osea y mientras se vestía,
me preguntaron su edad y yo dije que como 60. Ella se echo a reír y
me corrigió: eran 70, pero para mi esa era la edad que tenía.
Siempre arreglada, con boca y uñas preferiblemente rojas, con ropa
hindú y otras de mucho color y muchos collares. Siempre he pensado
que me gustaría llegar a esa edad con ese espíritu.
Cuando
comenzaron las Misiones de Chávez, se inscribió
rauda y veloz. Disfrutaba mucho esos nuevos retos. No recuerdo si
terminó alguna, pero lo que sí sé es que las disfruto. También le
gustaba leer. Quería mucho a sus hijos y con Hernán, su hijo mayor,
era extraordinariamente cómplice; siempre le reprochaba que tuviera
tantas novias o esposas, porque ella se encariñaba y luego no las
volvía a ver. El me contaba, con mucho orgullo, una carta que le
hizo solidarizándose con él, con sus decisiones política.
Amaba
(o amó?) con delirio a su marido Henán pero, en esa misma proporción, su
relación fue terriblemente conflictiva, dada las constantes
infidelidades. Era muy apasionada. Una vez le pregunté que
porqué no se divorciaba y me contestó, con una contundencia que me
desarmaba: es que no me imagino mi vida sin el De Nieto, qué
le voy a decir a mis amigas con las que juego? Sus
hijos me contaban que siempre fue una relación disfuncional, donde
nadie era feliz.
También
me hablaba de su hija Elizabeth, que en realidad era una sobrina,
hija de un hermano, pero que ella crío como propia desde que salió
del hospital donde nació. Cuando
creció, se casó, tuvo una hija, comenzaron los problemas, hasta que
un día desapareció y nunca más supo de ella. Eso le dolía
profundamente. Siempre me
decía: ¡no
se te ocurra adoptar!
Pasaron
los años y supe que estaba algo enferma del estomago, su hijo
había vuelto a Maracaibo- contra todo pronóstico- y decidió
traérsela hace como 8 años,
cuando la invitó a pasarse unos días en su casa y nuca más regresó
a San Cristóbal, hasta ahora. Ella
se quejaba constantemente por eso.
Volví a verla de nuevo,
en fechas claves como la navidad, su cumpleaños, el de Hernán.
Luego
de experimentar con diversos diagnósticos, la conclusión era
abrumadora; la Sra Gladis tenía más
que un problema físico, un
problema neurológico: sufría
de esquizofrenia, que
pudiera
ser de origen genético pero agravado por un estilo de vida signado,
por una relación matrimonial
donde -posiblemente-
nunca fue
feliz. Y así pasaron los
años. Cuánto
de esa disfuncionalidad influyó en su enfermedad. Seguramente
mucho. Hernán
junto a Violeta, su esposa, le aplicó diversos tratamientos y llegó
a mejorarla, notablemente. Siempre hablábamos
de la película Despertares, por
su sorprendente recuperación.
Pero
luego, comenzó la tragedia en cámara lenta. El país se complicó y
con él, toda nuestra cotidianidad Desde hace como dos años, ya
casi no se encontraban los medicamentos o eran inalcanzables, hasta
que ya no se pudo seguir medicando y su deterioro físico y
neurológico se aceleró. Estaba tan flaca-flaquita, se caía con
frecuencia, se quejaba constantemente, ya no veía televisión, ni
leía, ni hacia nada. Solo se quejaba.
Durante
estos años pasaron algunas eventos, por demás tristes, que supongo
ella tuvo poco conocimiento: el Alzheimer de su esposo y su posterior
muerte; luego vino también el Alzheimer de su segundo hijo
Adelkader. Y ahora hay que agregar también el diagnóstico de ELA de
Hernán, luego de lo cual su hijo menor, Erwing, se la llevó de
regreso a su querida San Cristóbal.
Recién
le pregunté por ella a Erwing, quien la cuida ahora –
anteriormente lo hizo con su padre- y me respondió que la llevó a
la casa “y no reconoció absolutamente ningún espacio...ajena
totalmente” y entonces hice silencio y vinieron a mi tantos
recuerdos, emociones, sonrisas, que me dije: tengo que escribirlo
para que no haya olvido, para que recordemos que alguna vez no fue
así, que estoy segura que a ella- coqueta como era- le habría
gustado que la recordáramos jovial, sana, arreglada, intensa.
La
foto que tiene su hijo en el guasap y otras que vi, visitando
su antigua casa en San Cristóbal, es de otra persona que apenas
reconozco, no de la señora Gladis que yo viví y disfruté, que está
en mis recuerdos y en mi corazón de otra manera; vibrante, dinámica,
atrevida y decidida. Así la quiero recordar. Así la voy a recordar
por siempre. Sé que el tiempo y la enfermedad son implacables, pero
mi mejor homenaje es recordarla como sé que a ella le gustaría que
lo hiciéramos, quienes la conocimos y queremos. Por ello, gracias
Sra. Gladis por todos los hermosos momentos que vivimos juntas, por
haber sido tan buena anfitriona, por haber sido tan solidaria y sobre
todo, por haber sido tan usted, no obstante sus fracasos y
desencuentros.
Maracaibo,
26 de septiembre de 2019
domingo, 25 de marzo de 2018
Freider
Conocí a Freider Montes en un salón de la FEDA. Un simpático gochito, que había nacido en Mérida y que ahora estudiaba en LUZ. Creo que era el año 2016 o 2017. Era inquieto y buen conversador. Le gustaba leer. Le regalé algunos libros y él hizo lo mismo conmigo. Poco a poco, y de manera intermitente, fuimos construyendo una relación académico-personal que nos permitía hablar de literatura, de sus trabajos, del arte, de la vida.
La última vez que lo vi, fue cuando se realizaron, en febrero de este año, las asesorías de la Escuela de Artes Plásticas y él se censó para regresar a estudiar, ya que por diversas razones- entre ellas la de salud- había tenido que retirarse. Me contó de su dolencia, de la próxima operación y de su trabajo. Me invitó a tomarnos un café y hablamos largamente. Estaba segura que - dada su juventud; 19-20 años- le ganaría el pulso a la enfermedad, tal como lo hizo otro alumno, otro amigo, Sergio Garrido. Me habló, para mi asombro, con naturalidad de la metástasis, no obstante lo cual me monté- junto con él- en el tren del optimismo. ¿Porque habría de ser de otra manera?
Estuve muy pendiente de la cercana operación. Incluso, hablé con él en varias oportunidades, después de haber salidos del hospital. Lo percibía tranquilo, confiado, esperanzado y yo con él. Lo sentí tan bien que hasta le dije que porqué no se incorporaba, por lo menos, a las dos materias que había inscrito conmigo, me dijo; no Prof. todavía no estoy tan bien como para regresar y le contesté, bueno entonces será para el próximo semestre, que llegará pronto, ya sabes como corre el tiempo. Conversamos un par de veces, comentamos la desaparición de María Reyes, su compañera de Escuela y nada me hacía presagiar este triste final. Este inhóspito final. Este insalvable final.
Hace pocos días, un alumno- creo que Sergio, quien se comunicaba con él por FC- me comentó que había recaído, que estaba sangrando, entonces me asusté y lo llamé. Me contestó su mamá y allí sentí que algo andaba mal. No ahondé mucho. Quise confiar en sus ganas de vivir y en su juventud.... hasta que este domingo 25 de marzo recibí un mensaje de su teléfono, anunciando su muerte. No lo creí. Pensé que leía mal. Llamé y me contestó su hermana quien, con su acento andino, me confirmó la mala nueva.
Hace rato que digo que no me gusta marzo y esta muerte me lo reafirma:cómo si no fuera suficiente con la angustia de estos 25 días por la desaparición de María Reyes, ahora le agregamos la partida física de Freider. Ya no lo veré más en mis clases. Ya no hablaremos más de sus planes, de sus sueños, de la literatura, de Borges. Ya no intercambiaremos más libros. Ya no lo escucharé más. Ya no estará y yo sentiré que la EAP, cada día, se me hace más sola con estas ausencias que nadie buscó ni muchos menos deseo.
Gracias por todo Freider. Gracias por habernos dado un pedacito de vos. Seguirás viviendo en el recuerdo de los que te conocimos y aprendimos a quererte. Los que te queremos, te llevaremos por siempre para que no haya olvido. Que el viaje te sea leve. Mi corazón está de luto. Mi palabra también. Ambos están a media asta.
viernes, 4 de agosto de 2017
Alexo
Cómo
me duele esta muerte. No tuve el valor de irlo a ver. La única vez que
hablé por teléfono con él, su voz había envejecido hasta hacerse
irreconocible. Fueron muchos años compartidos. Muchas ideas amalgamadas.
Creo que lo conocí en los 70, los gloriosos 70, en los pasillos de la
FCES. Fuímos vecinos por muchos años aunque jamás nos visitamos pero
solíamos encontrarnos con frecuencia en el trajinar de los días.
Recuerdo cuando en abril del 2002 me preguntó "dónde era la cosa" en referencia a dónde estaba la resistencia contra el golpe de Carmona y yo le
informé de Yaguno II (Frente a Panorama). Allí nos vimos en esas
interminables horas que sellaron el destino de nuestro país y de cada
uno de nosotras y nosotros. Alexo era un asiduo de los café; me cansé de
verlo en el querido y recordado Kabuki (hoy converido en escombros y
que nos quiebra el alma porque nos estamos quedando sin memoria física
de la ciudad). Igual llegué a verlo en alguno de los BAMBIS cuando
estos todavía existían. En sus últimos años Piamonte era su lugar de
conversación.
Era un amante del ajedrez, tambien de los libros y la
cocina. Era un lector apasionado. La última vez que conversamos tocamos un tema que yo
desconocía: no solo le gustaba preparar sabroso platos para su familia,
su esposa y cuatro hijos, alguno de los cuales ya no están en el país,
sino que amaba los utensilios necesarios para perparar cualquier
exquisitez, me habló de su pasíon por los sartenes y las ollas de buena
calidad, me habló de su gusto por todos esos artilugios que hacen grato a
los fogones. Me habló también de su pasión por los libros y ese no
tener ya casi espacio para ellos. Quienes amamos este objeto cultural,
sabemos lo duro que es desprendernos de ellos.
Hablamos también de política y de
su descontento con Maduro y sus medidas o la ausencia de ellas. Hablamos
de la batalla que estaba ganando su esposa contra el cáncer. Hablamos
en una cola de un supermercado como jamás lo habíamos hecho y como jamás
lo volveríamos a hacer. A los pocos meses me enteré de su enfermedad y
sabiéndolo robusto y fuerte jamás pensé - en ese momento- que no ganaría
esa batalla. Me equivoque, lamentablemente.
Recordaré siempre esa voz
energíca y potente que tenías. Siempre me pareció un vikingo con esa barba y su estructura atlética. Recordaré muchas imagenes. Te recordaré
caminamos por caminos paraleos todos estos años, cerquita. Te recordaré
como si nunca te hubieras ido. Descansa en paz Alexo.
domingo, 21 de mayo de 2017
Un domingo en la Maracaibo actual
Hoy es domingo 21 de mayo. Desde el 1 de abril comenzó esta espiral de violencia con las guarimbas, pero que creía que ya, para esta fecha, 51 días después, todo estaría resuelto. Lamentablemente no ha ocurrido así y henos aquí, viviendo en una situación de guerra. Es esa la mejor imagen que tengo para expresar lo que vivo y vivimos buena parte de los venezolanos.
Vengo de un padre que logró salvarse de ser fusilado en la Guerra Civil Española y que, supongo, vivió toda esa locura desatada por Franco cuando decidió desconocer a la República. Jamás imaginé que pudiera vivir algo parecido. En estos días decía que lo único que faltaba para vivir en guerra era la sirena que anunciaban los bombardeos. Pues recién me entero que ya en San Antonio de Los Altos y en San Diego, en el Estado Miranda, la están usando. Esa zona la tienen tomada los irregulares hace más de una semana. Allí se hicieron del poder y controlan todo. No logro entender cómo y dónde está el gobierno.
Con frecuencia me gusta salir los domingos a ver algo en el Centro de Arte Lía de Bermudez y lo que hay en los otros museos. Ya hoy no me provoca, aparte de que me da terror encontrarme con una guarimba donde te asaltan, te quitan teléfono, dinero, gasolina. Ya se han denunciado violaciones y secuestros. Los malandros devenidos en guarimberos y viceversa. Esto es invivible. Todas nuestras rutinas alteradas.
Por supuesto tengo una anomia que va in crescendo. No me provoca nada. Duermo y leo mucho. Quisiera dormirme y despertar cuando todo esto haya pasado. Pero no hay luz al final del túnel. No consigo un resquisicio de dónde agarrarme.
Mañana debería ir al odontologo, hay cierta urgencia en ello y, verme con una abogada para resolver un problema de convivencia que tengo con la vecina de arriba de mi apartamento, que me ha hecho mucho daño a la infraestructura del mío. Ignoro sí podré salir. Ignoro sí querré salir.
Así se va el día, revisando correos, noticias y las redes, esa formidable arma de guerra que nos ataca en lo más vulnerable y lo más precioso del ser humano: su siquis, su alma, su voluntad. Para mi la más dañina es FC, con la cual me conecté recientemente. En algún momento debo dejarla.
Como poco, muy poco y menos ahora que tengo un desequilibrio estomacal que no me permite retener casi nada. Tampoco me da hambre como tal. Me da un poco de acidez y por eso ingiero alimentos, pero no me provoca cocinar, aunque sí los compro. Me aterra la idea de quedarme sin nada en mi despensa y en mi nevera. Paranoias de tanto haber leído sobre la II Guerra Mundial, la GCV, los nazis, los getos. Ay dios, tantas lecturas que siempre me resultaron lejanas, como la discriminación contra los judíos y que ahora la siento en contra de los chavistas.
Ayer sábado 20 fui a un supermercado de la zona, mayoritariamente de clase media. Allí vi una escena que seguramente comienza a hacerse cotidiana: una señora le dice a un señor que no se vaya a colar, este le responde que él no lo va a hacer porque, entre otras cosas, " él no es chavista" para hacer eso. Sin ton ni son hizo la acotación. Nadie contestó pero las sonrisas funcionaron como señal de aprobación, a los pocos minutos nuevamente alguien- creo que un conocido- le recuerda que se quería colar y este le repite que él no es chavista, en cambio quien lo está señalando sí: Tú si eres chavista, nadie dice nada, pero nadie sonríe y creo ver un instante de terror en los ojos del señor señalado, quien se aleja rápidamente de la zona " de conflicto" y en esa rapidez se le cae una bolsa de cebollas, el señor- de cierta edad- lo noto un tanto nervioso y acudo y le facilito una bolsa para que pueda irse lo más pronto posible, mientras el otro seguía insistiendo en su filiación chavista, que el señalado no desmentía pero tampoco aceptaba. Una escena que de seguro se irá volviendo cotidiana. Lamentablemente.
Decidí escribir estas crónicas, anotaciones, porque sino siento que voy a explotar. Vivo como si estuviera en un gueto. Con temor a salir. Con temor a ver las noticias y encontrarme nuevos muertos y nuevos saqueos. Con temor a encontrarme a un país, a una ciudad y a unos connacionales que no reconozco o en los que no me reconozco o no me quiero reconocer.
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