sábado, 12 de octubre de 2019

La determinación del lenguaje

 

Por Alma Varela (https://www.zonadocs.mx/2019/06/27/la-determinacion-del-lenguaje/)

¿Con qué frecuencia pensamos en las palabras que usamos para nombrar la realidad que nos circunda? ¿Nos detenemos a reflexionar sobre cómo determinan nuestra manera de entender el mundo? Con la aparición del lenguaje inclusivo, estas preguntas se vuelven necesarias porque es innegable que hay un segmento de mujeres que al usar las palabras no se ven del todo representadas en ellas; la propuesta desde luego, genera polémica. El uso del lenguaje en varias ocasiones se aleja de las convenciones de la lengua, pero la defensa apasionada de las normas no siempre surge en proporción con los agravios a las mismas y solo se activa cuando el lenguaje inclusivo hace su aparición. Vayamos un poco atrás, antes de que esas reglas existieran.

Los primeros atisbos de esto que llamamos español escrito surgieron en la primera mitad del siglo XI al norte de España. Las glosas emilianenses y silenses han permitido tener una idea aproximada de cómo se transcribió una lengua que aún no había sido fijada bajo sus propias normas, y se debatía entre mantener sus semejanzas con la lengua latina o sucumbir a la influencia de lenguas como el leonés, aragonés o el castellano. En aquellos siglos, lo mismo podía verse escrito muller o muger en lugar de nuestra palabra mujer; o ermano, yermano y germano como opciones al hoy hermano. Antonio Alatorre, en su obra Los 1001 años de la lengua española (1979), señala que el castellano “fue en verdad una cuña que escindió lo que había sido una masa bastante compacta de madera (materia) lingüística.” al referirse a su propagación/imposición como resultado de la reconquista del reino de Castilla.

El andar de la escritura en español comenzó en los monasterios, donde solo los hombres de la iglesia accedían a la alfabetización y con la venia de los monarcas fueron perfilando la escritura de las palabras al preferir unas formas sobre otras. Alfonso X de Castilla, el Sabio, fue de los primeros preocupados en fijar la escritura y con ese afán escribió y corrigió obras de su tiempo para hacer de la lengua castellana un idioma hecho y “derecho”. Sus elecciones tuvieron como criterio preponderante lo que él pensaba que era lo correcto; aunque el componente político seguía regulando algunas de sus determinaciones, señala Alatorre:
… la lengua castellana de Alfonso X es básicamente el castellano viejo de Burgos, hay en él ciertas “concesiones” a los usos de León y sobre todo de Toledo, donde se hallaba la corte. En León y Toledo, ciudades de castellanización reciente, debía ser malsonante todavía la terminación -illo en vez de -iello (castiello, siella) e hiriente la h de herir, hazer y hablar en vez de ferir, fazer y fablar. Por el “decoro” general de la lengua, que era lo que él buscaba, decidió cerrar la puerta a esos rasgos menos “derechos”.

Hoy sabemos que castillo terminó por imponerse sobre castiello, lo mismo que la h reemplazó a la f inicial de muchos vocablos. Lo que para los hablantes del castellano del siglo XIII era una incorrección, para nosotros es la norma.
En 1492, Antonio de Nebrija publicó las primeras normas de uso de la lengua escrita bajo el título de Gramática castellana. Después de Nebrija hubo varios intentos por fijar la escritura del castellano en términos de lo correcto; esa noción procedía de la visión particular de un autor que elegía qué pronunciación y usos consideraba los mejores. Es importante enfatizar que la escritura en esos días era privilegio y preocupación de pocos.

Fue hasta 1713 cuando finalmente apareció la Real Academia Española. En pleno Siglo de las Luces, el establecimiento y manejo de convenciones académicas se convirtió para la clase burguesa en un imperativo que había que cumplir a costa de lo que fuera, al menos en apariencia. Muchas personas invirtieron sus recursos para ser hombres de calidad, como les llama Molière en su obra El burgués gentilhombre, donde el protagonista Jourdain intenta ser culto de la noche a la mañana para conquistar a una marquesa. El dinero permitía diferenciar al pobre del rico; pero el ser culto permitía reconocer al nuevo rico del intelectual o del noble; el conocimiento entonces, se convirtió también en un recurso de discriminación.

En 1741 se publica la primera edición de la Ortographia española, y como se verá, el propio nombre de la obra ha sufrido transformaciones; las más recientes y dramáticas ocurrieron en 2009, cuando la Academia eliminó el acento gráfico de las palabras guion y solo. También facilitó la escritura, al dictar que el acento gráfico tampoco era necesario para los pronombres demostrativos como esta o este. No han faltado las voces de resistencia ante estas resoluciones, y a modo de protesta mantienen esas marcas gráficas en la escritura. Seguramente habrá quienes pasen por alto lo uno o lo otro sin que haya grandes discusiones.

Como alguien que se dedica al estudio de las letras, presenciar el fortalecimiento del lenguaje inclusivo fue retador, sobre todo porque es costumbre abrazar posturas sobre las que no necesariamente hemos reflexionado o siquiera pensado, entre otras razones, porque competen a nuestro ámbito de profesión y por eso es fácil creer que la verdad nos asiste inobjetablemente. Otros se oponen, no porque sean los mejores practicantes de la correcta escritura, sino porque esos cambios desestabilizan el orden social y los conciben como antinaturales.
Este largo y a la vez superficial recuento de la lengua española tiene como propósito compartir las siguientes ideas: 1. El español es correcto o incorrecto como una decisión; sus normas son invención y arbitrariedad social 2. En el principio, los pocos que tuvieron injerencia en esas normas fueron solo hombres, por eso, podríamos al menos considerar que tal vez Alfonso X o Antonio de Nebrija concibieron la rectitud de la lengua en función de su experiencia del mundo y las convenciones que aprendieron y promovieron. El lenguaje es un mecanismo de comunicación y codificación de la realidad inventado por los seres humanos, pero regulado desde la visión masculina y dominante. Quizá la discusión no debería ser sobre la pertinencia del porqué las cosas evolucionaron así, sino por qué es necesario cuestionar esa visión y hacer modificaciones. Reflexionar sobre el lenguaje puede ser un inicio 3. El acceso a la educación y el conocimiento fue y sigue siendo un privilegio, por ello es que ha funcionado como un recurso para marcar diferencias y dar lugar a la discriminación, muchas veces se usa la ortografía con ese propósito 4. La política y el lenguaje están relacionados; elegir entre una lengua o versiones de ella para dar identidad a un grupo no es del todo una elección ingenua, detrás de ella hay relaciones de dominación y poder que se han normalizado y por eso las perdemos de vista.

Antes de decantarnos por aceptar o rechazar los cambios que propone el lenguaje inclusivo, podemos dudar y practicar la apertura para analizar las raíces sociales de las normas de escritura; porque en ellas conviven un ideal de comunicación, pero también la discriminación y conservadurismo. La ortografía se ha ido convirtiendo en un divertimento y una obligación con la que gustosamente convivo en las aulas donde imparto clase, estoy convencida de que todos deben tener acceso a ellas y a cualquier conocimiento, pero lo más valioso es reflexionar a partir de lo aprendido para cuestionar creencias que nos separan o confrontan. Lo que podría decir a favor de las normas ortográficas y gramaticales es que cualquiera que sea la elección de una persona – escribir “bien” o escribir “mal”- deber ser primero eso, una elección derivada del acceso al conocimiento; de lo contrario las convenciones de la lengua seguirán operando como una imposición social que colabora a determinar una sola visión del mundo de quien las practica. En este trance, conviene saber que se puede cambiar de opinión, que las elecciones no tienen que ser para siempre, sobre todo si nuestras reconsideraciones tienen que ver con entender otras realidades y a quienes las viven.

Cátedra de Lenguaje y Comunicación: Notas de Metodología

Cátedra de Lenguaje y Comunicación: Notas de Metodología: Alumnas Definitiva Acevedo, Veruska SI Antúnez, Mariángel 10 Boka, Eicar 17 Díaz, Yulianny...

sábado, 28 de septiembre de 2019

Gladis, la ajena 



Conocí a la Sra. Gladis Villalobos de Nieto, por allá en los 80, en San Cristóbal, cuando era dueña y señora de su hermosa casa ubicada en la Urb. Torbes. Allí sobresalía por todos lados su origen maracucho, del que se sentía más que orgullosa. Su hogar estaba atiborrada de muebles clásicos, de cuadros, de adornos de su región natal y de fotos, muchas fotos.

Cocinaba exquisito. Nunca olvidaré las Islas flotantes, postre por demás sabroso, que alguna vez probé, por primera y única vez, hecho por ella en una navidad. Pasé varias con ella, su familia y sus perros, tenía varios. La última con mi madre. Sus perros la hacían muy feliz, tanto que los enterraba en su patio y los recordaba con frecuencia. Fueron su compañía durante muchos años y lo remarcaba con insistencia. En esa época vivía con ella su nieta Bianka, por la que sentía gran debilidad, recuerdo la vez que le mandó hacer unos zapatos con tacones para que la niña pudiera jugar a ser mujer. Era la típica abuela alcahueta y eso a mi me gustaba. Solía contarme mucho de sus viajes, en especial uno que hizo a Grecia. Era muy feliz recordándolos.

Años después, solía venir con frecuencia a Maracaibo. Entonces la buscaba y salíamos a tomarnos un café o una cerveza, o la llevaba de compras o a hacerse algún examen. Recuerdo una vez que la acompañé a realizarse una densitometría osea y mientras se vestía, me preguntaron su edad y yo dije que como 60. Ella se echo a reír y me corrigió: eran 70, pero para mi esa era la edad que tenía. Siempre arreglada, con boca y uñas preferiblemente rojas, con ropa hindú y otras de mucho color y muchos collares. Siempre he pensado que me gustaría llegar a esa edad con ese espíritu.

Cuando comenzaron las Misiones de Chávez, se inscribió rauda y veloz. Disfrutaba mucho esos nuevos retos. No recuerdo si terminó alguna, pero lo que sí sé es que las disfruto. También le gustaba leer. Quería mucho a sus hijos y con Hernán, su hijo mayor, era extraordinariamente cómplice; siempre le reprochaba que tuviera tantas novias o esposas, porque ella se encariñaba y luego no las volvía a ver. El me contaba, con mucho orgullo, una carta que le hizo solidarizándose con él, con sus decisiones política.

Amaba (o amó?) con delirio a su marido Henán pero, en esa misma proporción, su relación fue terriblemente conflictiva, dada las constantes infidelidades. Era muy apasionada. Una vez le pregunté que porqué no se divorciaba y me contestó, con una contundencia que me desarmaba: es que no me imagino mi vida sin el De Nieto, qué le voy a decir a mis amigas con las que juego? Sus hijos me contaban que siempre fue una relación disfuncional, donde nadie era feliz.

También me hablaba de su hija Elizabeth, que en realidad era una sobrina, hija de un hermano, pero que ella crío como propia desde que salió del hospital donde nació. Cuando creció, se casó, tuvo una hija, comenzaron los problemas, hasta que un día desapareció y nunca más supo de ella. Eso le dolía profundamente. Siempre me decía: ¡no se te ocurra adoptar!

Pasaron los años y supe que estaba algo enferma del estomago, su hijo había vuelto a Maracaibo- contra todo pronóstico- y decidió traérsela hace como 8 años, cuando la invitó a pasarse unos días en su casa y nuca más regresó a San Cristóbal, hasta ahora. Ella se quejaba constantemente por eso. Volví a verla de nuevo, en fechas claves como la navidad, su cumpleaños, el de Hernán. Luego de experimentar con diversos diagnósticos, la conclusión era abrumadora; la Sra Gladis tenía más que un problema físico, un problema neurológico: sufría de esquizofrenia, que pudiera ser de origen genético pero agravado por un estilo de vida signado, por una relación matrimonial donde -posiblemente- nunca fue feliz. Y así pasaron los años. Cuánto de esa disfuncionalidad influyó en su enfermedad. Seguramente mucho. Hernán junto a Violeta, su esposa, le aplicó diversos tratamientos y llegó a mejorarla, notablemente. Siempre hablábamos de la película Despertares, por su sorprendente recuperación.

Pero luego, comenzó la tragedia en cámara lenta. El país se complicó y con él, toda nuestra cotidianidad Desde hace como dos años, ya casi no se encontraban los medicamentos o eran inalcanzables, hasta que ya no se pudo seguir medicando y su deterioro físico y neurológico se aceleró. Estaba tan flaca-flaquita, se caía con frecuencia, se quejaba constantemente, ya no veía televisión, ni leía, ni hacia nada. Solo se quejaba.

Durante estos años pasaron algunas eventos, por demás tristes, que supongo ella tuvo poco conocimiento: el Alzheimer de su esposo y su posterior muerte; luego vino también el Alzheimer de su segundo hijo Adelkader. Y ahora hay que agregar también el diagnóstico de ELA de Hernán, luego de lo cual su hijo menor, Erwing, se la llevó de regreso a su querida San Cristóbal.

Recién le pregunté por ella a Erwing, quien la cuida ahora – anteriormente lo hizo con su padre- y me respondió que la llevó a la casa “y no reconoció absolutamente ningún espacio...ajena totalmente” y entonces hice silencio y vinieron a mi tantos recuerdos, emociones, sonrisas, que me dije: tengo que escribirlo para que no haya olvido, para que recordemos que alguna vez no fue así, que estoy segura que a ella- coqueta como era- le habría gustado que la recordáramos jovial, sana, arreglada, intensa.

La foto que tiene su hijo en el guasap y otras que vi, visitando su antigua casa en San Cristóbal, es de otra persona que apenas reconozco, no de la señora Gladis que yo viví y disfruté, que está en mis recuerdos y en mi corazón de otra manera; vibrante, dinámica, atrevida y decidida. Así la quiero recordar. Así la voy a recordar por siempre. Sé que el tiempo y la enfermedad son implacables, pero mi mejor homenaje es recordarla como sé que a ella le gustaría que lo hiciéramos, quienes la conocimos y queremos. Por ello, gracias Sra. Gladis por todos los hermosos momentos que vivimos juntas, por haber sido tan buena anfitriona, por haber sido tan solidaria y sobre todo, por haber sido tan usted, no obstante sus fracasos y desencuentros.

Maracaibo, 26 de septiembre de 2019

domingo, 25 de marzo de 2018

Freider

  





Conocí a Freider Montes en un salón de la FEDA. Un simpático gochito, que había nacido en Mérida y que ahora estudiaba en LUZ. Creo que era el año 2016 o 2017. Era inquieto y buen conversador. Le gustaba leer. Le regalé algunos libros y él hizo lo mismo conmigo. Poco a poco, y de manera intermitente, fuimos construyendo una relación académico-personal que nos permitía hablar de literatura, de sus trabajos, del arte, de la vida.

La última vez que lo vi, fue cuando se realizaron, en febrero de este año, las asesorías de la Escuela de Artes Plásticas  y él se censó para regresar a estudiar, ya que por diversas razones- entre ellas la de salud- había tenido que retirarse. Me contó de su dolencia, de la próxima operación y de su trabajo. Me invitó a tomarnos un café y hablamos largamente. Estaba segura que - dada su juventud; 19-20 años- le ganaría el pulso a la enfermedad, tal como lo hizo otro alumno, otro amigo, Sergio Garrido. Me habló, para mi asombro, con naturalidad de la metástasis, no obstante lo cual me monté- junto con él- en el tren del optimismo. ¿Porque habría de ser de otra manera?

Estuve  muy pendiente de la cercana operación. Incluso, hablé con él en varias oportunidades, después de haber salidos del hospital. Lo percibía tranquilo, confiado, esperanzado y yo con él. Lo sentí tan bien que hasta le dije que porqué no se incorporaba, por lo menos, a las dos materias que había inscrito conmigo,  me dijo; no Prof. todavía no estoy tan bien como para regresar y le contesté, bueno entonces será para el próximo semestre, que llegará pronto, ya sabes como corre el tiempo. Conversamos un par de veces, comentamos la desaparición de María Reyes, su compañera de Escuela y nada me hacía presagiar este triste final. Este inhóspito final. Este insalvable final.

Hace pocos días, un alumno- creo que Sergio, quien se comunicaba con él por FC- me comentó que había recaído, que estaba sangrando, entonces me asusté y lo llamé. Me contestó su mamá y allí sentí que algo andaba mal. No ahondé mucho. Quise confiar en sus ganas de vivir y en su juventud.... hasta que este domingo 25 de marzo recibí un mensaje de su teléfono, anunciando su muerte. No lo creí. Pensé que leía mal. Llamé y me contestó su hermana quien, con su acento andino, me confirmó la mala nueva. 


Hace rato que digo que no me gusta marzo y esta muerte me lo reafirma:cómo si no fuera suficiente con la angustia de estos  25 días por la desaparición de María Reyes, ahora le  agregamos la partida física de Freider. Ya no lo veré más en mis clases. Ya no hablaremos más de sus planes, de sus sueños, de la literatura, de Borges. Ya no intercambiaremos más libros. Ya no lo escucharé más. Ya no estará y yo sentiré que la EAP, cada día, se me hace más sola con estas ausencias que nadie buscó ni muchos menos deseo.

Gracias por todo Freider. Gracias por habernos dado un pedacito de vos. Seguirás viviendo en el recuerdo de los que te conocimos y aprendimos a quererte. Los que te queremos, te llevaremos por siempre para que no haya olvido. Que el viaje te sea leve. Mi corazón está de luto. Mi palabra también. Ambos están a media asta.

viernes, 4 de agosto de 2017

Alexo

 

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 Cómo me duele esta muerte. No tuve el valor de irlo a ver. La única vez que hablé por teléfono con él, su voz había envejecido hasta hacerse irreconocible. Fueron muchos años compartidos. Muchas ideas amalgamadas. Creo que lo conocí en los 70, los gloriosos 70, en los pasillos de la FCES. Fuímos vecinos por muchos años aunque jamás nos visitamos pero solíamos encontrarnos con frecuencia en el trajinar de los días. Recuerdo cuando en abril del 2002 me preguntó "dónde era la cosa" en referencia a dónde estaba la resistencia contra el golpe de Carmona y yo le informé de Yaguno II (Frente a Panorama). Allí nos vimos en esas interminables horas que sellaron el destino de nuestro país y de cada uno de nosotras y nosotros. Alexo era un asiduo de los café; me cansé de verlo en el querido y recordado Kabuki (hoy converido en escombros y que nos quiebra el alma porque nos estamos quedando sin memoria física de la ciudad). Igual llegué a verlo en alguno de los BAMBIS cuando estos todavía existían. En sus últimos años Piamonte era su lugar de conversación. 

Era un amante del ajedrez, tambien de los libros y la cocina. Era un lector apasionado. La última vez que conversamos tocamos un tema que yo desconocía: no solo le gustaba preparar sabroso platos para su familia, su esposa y cuatro hijos, alguno de los cuales ya no están en el país, sino que amaba los utensilios necesarios para perparar cualquier exquisitez, me habló de su pasíon por los sartenes y las ollas de buena calidad, me habló de su gusto por todos esos artilugios que hacen grato a los fogones. Me habló también de su pasión por los libros y ese no tener ya casi espacio para ellos. Quienes amamos este objeto cultural, sabemos lo duro que es desprendernos de ellos. 

Hablamos también de política y de su descontento con Maduro y sus medidas o la ausencia de ellas. Hablamos de la batalla que estaba ganando su esposa contra el cáncer. Hablamos en una cola de un supermercado como jamás lo habíamos hecho y como jamás lo volveríamos a hacer. A los pocos meses me enteré de su enfermedad y sabiéndolo robusto y fuerte  jamás pensé - en ese momento- que no ganaría esa batalla. Me equivoque, lamentablemente. 

Recordaré siempre esa voz energíca y potente que tenías. Siempre me pareció un vikingo con esa barba y su estructura atlética. Recordaré muchas imagenes. Te recordaré caminamos por caminos paraleos todos estos años, cerquita. Te recordaré como si nunca te hubieras ido. Descansa en paz  Alexo.